lunes, 26 de diciembre de 2016

it hurts in here

It's been raining for quite a while
I've been crying all night
don't need to wonder why
I think you broke my heart

some kind of emptiness
a little bit strange
don't know how I got here
I need to get out of this dress

you're running around in my head
like a toddler jumping on the bed
you make me go insane
with every kiss and every mistake

jueves, 15 de diciembre de 2016

Se hace, se aprende.

Este año leí en uno de mis murales favoritos la frase con la que decidí definir el año. "Se hace, se aprende", dice en colores vibrantes que te hacen sentir un poco bien. Al principio entendí todo mal. Creí que al hacer las cosas, iba a aprender cómo funcionaba todo, iba a ser cada vez más sabia y todo sería más fácil, porque cuanto más hiciera, más podía saber. Y en parte fue así. Cuando practicás dibujar con tiza unas cuantas veces, algo te termina saliendo. Si vas a todas las clases y hacés los dibujos que te piden, vas a salir sabiendo cómo darle valor a un árbol con carbonilla. Pero eso no era todo. Eso era lo obvio, lo que todos sabemos en algún lugar de nuestro cerebro. Pero acá lo importante era el significado negativo de la frase. Es una lástima que me haya llevado tanto tiempo descubrirlo. Uno no hace todo bien en la vida. Te equivocás, te arrepentís, te volvés a equivocar. Y ahí también se aprende. Aprendés que siempre hay que llevar las cosas en dos pendrives. Aprendés que a veces tenés que confiar un poco más en tus ideas nocturnas. Aprendés que hay que juntarse con la gente por sus cualidades como compañero de trabajo y no de vida. Aprendés a no dejar ir el momento. Aprendés a no olvidar a quienes importan. Todo se aprende, cuando se hace.
Si miro hacia atrás, puedo decir que este año fue mágico gracias a todo lo que hice. Este año reí, lloré (más de lo que era necesario), creé, inventé, escuché, hablé, me enamoré, me confundí, enamoré a alguien más (me gusta llamarlo enamoramiento, pero no sé qué era), conocí gente y lugares nuevos y viejos, me equivoqué, me transformé, me seguí equivocando, lloré un poco más, sonreí, vi mil atardeceres, sentí la lluvia en lugares donde solo había visto el sol, canté mis canciones favoritas con mis personas favoritas, escuché música que nunca había escuchado, creí en mí para dejarme creer en alguien más, me enojé, pedí disculpas y viví como nunca antes había vivido. 
Fue un año que no quiero olvidar. No me quiero olvidar de nada de lo que hice. Quiero acordarme de las caras y las voces de todas las personas que conocí. Sé que creé un hogar afuera de mi casa y no lo quiero perder jamás.
En el 2017 quiero equivocarme con cosas distintas, y quiero no llorar cada vez que lo haga. Quiero seguir aprendiendo, porque es la única forma de avanzar. Tengo que ser consciente de lo que sé y estar dispuesta a saber más. 

Every little thing's gonna be alright.

lunes, 5 de diciembre de 2016

They all look like me.

Pienso que todos tenemos nuestros propios demonios. Algunos son temporales, otros nos acompañan toda la vida. Algunos llevan nombre y apellido, otros son producto de las trabas que nosotros mismos nos ponemos.
Hace ocho meses conocí a un demonio temporal. Apenas me vio, juró que jamás le iba a ganar. Me declaró la guerra y era una aficionada de la vanguardia. Pero yo siempre me quedé en retaguardia, escondida. Y de a poco, le demostré que mientras él usaba armas de avanzada y estrategias que planificaba con suma precaución, yo tenía las armas en mí. No necesitaba de nada más. Y cada vez que salía a atacar, me gritaba, y me pedía que volviera a esconderme, porque nunca lo derrotaría. Como si yo no hubiese pensado todas mis estrategias desde hace años. Tardó en darse cuenta que yo no necesitaba entrenamiento, que ya estaba lista para luchar desde el principio. Entonces empezó a disparar. Sus balas traspasaron mi piel y me hicieron sangrar hasta sentirme morir. Pero las heridas siempre sanaron y la guerra continuó. Me ganaba algunas batallas, pero después lo sorprendí y salía victoriosa yo. Hoy, levantó la bandera blanca. Me dio la mano mientras yo miraba hacia abajo, un poco confundida y llena de humillación. Y con la cabeza baja observé mi cuerpo y noté que mis pies estaban intactos, que mis rodillas todavía me sostenían, que mi torso podía quedarse derecho, y que mi boca podía sonreír. La guerra había terminado, y lo más triste es que quedamos en empate. Cero a cero, porque nadie gana la guerra, a menos que no luches.

viernes, 2 de diciembre de 2016

El mundo no es de todos.

Si hay algo que aprendí después de muchos errores, es que el mundo no me pertenece. Dicen algunos que el mundo es de los valientes. Para mí, va más allá de la valentía. Yo creo que el mundo es de los que siempre van un paso adelante que el resto. Es de los que piensan las cosas como nadie más y no tienen miedo a exponer sus ideas. El mundo es propiedad de aquellos que a pesar de decir la respuesta mal miles de veces, siguen levantando la mano cuando creen saber. Lo caminan más tranquilos aquellos que saben que hicieron muchas cosas por otra gente, pero siempre salieron beneficiados. Y por sus calles transitan sonrientes quienes quizás no lograron sus metas, pero cada día se animan a estar un paso más cerca de ellas. Pareciera que respiran un aire más puro quienes hacen todo a tiempo, cuando lo sienten y no cuando se los piden. El mundo es de quienes leen las reglas pero después inventan su propio juego.