viernes, 12 de febrero de 2016

La lluvia no me deja escuchar la música.
Alguien canta pero no sé qué dice.
Las gotas caen en mi habitación como si las paredes no existieran.
Mi cabeza se mueve a su propio ritmo.
Hablo con gente que no conozco.
Siento el viento en mi pelo y no me molesta.
Si no hubiese tenido calor todo el día, estaría teniendo frío.
Hello, hello, can you hear me?
No escucho nada más que esa línea de una canción que nunca escuché.
Y la lluvia.
La lluvia es más fuerte que todo lo demás.
La lluvia no pide perdón, porque nunca hace daño.
La lluvia sana.
Todo este dolor que me hiciste sentir se va entre cada gota contra el techo y cada nota que no distingo.
Me siento bien.
Te extraño.
Pero estoy bien.
Y espero que vos también lo estés.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Noche de silencios incómodos

Me alejé porque te quise. Te quise de una manera especial. Como nunca había querido a nadie. Te quise hasta el cansancio. Te quise dormida y mientras te miraba. Te quise cuando sonreías y cuando te enojabas. Te quise y no supe decírtelo. Te quise y me encerré. Te quise pero no dejé que me quisieras. Porque vos tampoco querías quererme. Vos querías a alguien más y yo no soy quién para quitarle a alguien el cariño de otra persona.
No sé si te sigo queriendo. De hecho, siento que ya te superé. No te olvidé, porque no quiero. Pero supongo que esto que siento son recuerdos. El recuerdo de tu sonrisa a veces me hace bien. La forma en que me hacías reír, la manera en que esperabas que te contara mis cosas, y yo callaba porque solo quería escucharte.
Fue desde que te vi. Estaba convencida de que te quería desde el primer minuto.
Si te conociera hoy, quizá no te querría de la misma forma.
Ahora, cuando me preguntan si alguna vez me enamoré, digo que no. Por seguridad. Porque no estoy totalmente segura de que eso haya sido un enamoramiento. Igual siempre se me cruza tu nombre, que era dulce y para mí siempre sonó bien. Nunca le conté a nadie de vos, porque no sé qué fuiste ni qué sentí. Pero te quise.