sábado, 29 de noviembre de 2014

Tarde de sábado entre gotas

Las nubes están mojadas. Mi alma también. El llanto se diluye y ya me siento bien. Sonrisas enmascaradas en vestimentas combinadas. Comentarios descarados entre copas y bocados.

lunes, 3 de noviembre de 2014

When I was drowning, that's when I could finally breathe.

Hace varios días que llueve. Podría salir y mojarme. Podría ponerme mi mejor vestido y bailar. Podría ver películas y llorar. Podría leer un libro y reír. Podría quedarme entre mis sábanas y dormir. Pero prefiero escuchar la lluvia contra las tejas.
Hoy no fui a los lugares donde prefiero no ir y me quedé escuchando la lluvia. A veces la escucho, y a veces no. Es que la música está muy fuerte y no me deja saber qué pasa afuera. Pero lo sé.
Es como una cortina de agua que cubre todo. Y separa. No sé muy bien qué separa, pero yo siento que hay algo que divide una parte de la ciudad de la otra. Son solo sentimientos.
Hay algo hermoso en la lluvia. Hay algo que me llena de felicidad y ganas de que llueva siempre. Será que mi pelo está más grande de lo normal y me recuerda a cuando era pequeña. Pero eso no es bueno, así que no. Será que el ruido me recuerda al invierno, que lo amo. Sera que no es necesario prender velas aromáticas porque la lluvia es de esas personas que tienen su olor propio. Será que es más fácil escribir. Será que los sonidos se escuchan distintos y me gustan más así. Será que me hace sentir protegida. No lo sé.
Hay también algo triste y melancólico en el hecho de que salga el Sol. No hay imagen más deprimente que las calles mojadas, los parabrisas andando, los paraguas abiertos, y el Sol en el cielo. Es como si viniera a arruinar nuestros humores. Es como esa persona que no invitaron a la fiesta, pero llega igual. Es como esa pulsera que no combina con el resto de la ropa, pero la usamos igual. Es como esa foto que no nos gusta, pero todos nuestros amigos se encargan de hacerla pública. Es como una guitarra desafinada que seguimos tocando. Es como ese esmalte arruinado que queremos hacer funcionar pero ya no queda igual. Es como una campera de cuero en un día de primavera.
Y mientras escribía todo esto, dejó de llover. Ya nada es igual.