sábado, 9 de agosto de 2014

Dedos quemados, infierno alado.

Sé que fui la causa de tu dolor. Sé que es por mí que sufres. Y nunca nada de lo que haga será suficiente para calmar mi desesperación al verte caer.
Cada día me hiere más tu situación, y me atacan estas ganas incesantes de abrazarte y pedirte perdón. A veces te sueño y despierto lejos tuyo para darme cuenta de que mi vida es en realidad una pesadilla. Corro hacia tu almohada, pero tú ya no estás.
A veces paso por tu casa y toco a tu puerta, pero me voy, porque temo hacerte llorar otra vez y no soportaría seguir dándote razones para no sonreír. Si tuviera el coraje, te diría que no estoy bien y que sin ti no es lo mismo. Te contaría sobre las noches en que solo tengo pesadillas y lo mucho que te necesito. Te explicaría que todo fue por necesidad y no por decisión propia. 
Dejaré mis flores en el umbral.

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