sábado, 17 de mayo de 2014

Y cuando pienso en vos, sonrío.

Tenía miedo. Tenía meido porque hacía mucho que no te hablaba. Temía que no respondieras, o que no te importara. Temía que fueran palabras que quedaran en el aire y nunca llegaran a nadie ni a nada.
Esribí todo lo que quería, y lo envié. No había vuelta atrás, no había forma de arrepentirme. No había tiempo de nada. Mi manos temblaban y mi corazón latía más fuerte que nunca.
Eran palabras lindas, palabras de cariño y sinceras. Eran palabras que no me podía quedar, porque dicen que las palabras que no decís son las que más te persiguen. Además, me había propuesto apreciar más a la gente. Y vos, que hiciste tanto por mí, merecías como mínimo algunas palabras que te dejaran saber que no te olvido.
Y ahora no me arrepiento. No me arrepiento de lo que dije, ni de lo que me dijiste. No me arrepiento de haber confiado y dejarte confiar. No me arrepiento de lo que fuimos. No me arrepiento de lo que somos.
Yo sé que las amistades que duran para siempre son las menos. Y la nuestra fue de las más. Pero no importa. Porque lo que quedan son los recuerdos y lo mejor de las dos.
Gracias por haber sido tanto. Gracias por los recuerdos. Gracias por marcar una etapa de mi vida y por ayudarme a superarla. Te quedás en mí. Por siempre.

"Estás distinta" me dijo y no supe qué hacer. Fue mi culpa, lo sé.

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