domingo, 25 de mayo de 2014

Lo que nos unía no cambió.

Bajá la botella y hablemos. Le grité desde el otro lado de la habitación.
Levantó su mirada y sus ojos, llorosos, me suplicaron perdón. Ya era tarde. Ya no quería hablar. En algún momento había querido que todo fuera como había sido antes.
¿Antes de qué? No sé. Si siempre fue igual. En realidad nunca había querido volver a nada. Todo había sido una pesadilla. Y si me daba miedo soñarlas, ni me gasto en explicar mi temor a vivirlas.
Lo miré con pena y bajé mi mirada.
Quedate con la casa, después te llamo y arreglamos la tenencia de los chicos. Le dije mientras cerraba la puerta.

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