lunes, 14 de abril de 2014

Te dejé los buenos deseos en la mesada.

Porque nunca nada es suficiente. Porque ya no nos alcanzan las palabras para insultarnos. Porque nos miramos y ya no nos sonreímos. Porque no siento lo que sentí la primera vez. Porque no somos para siempre.
Por eso, hoy me voy. Te dejo lo mejor de mí. Te dejo mis discos y la licuadora. Te dejo mi colección de auriculares y mi guitarra. Te dejo mis libros y mis manías. Te dejo mi positivismo constante y mis ganas de odiar a todos. Te dejo mis tardes de meriendas y programas viejos en la televisión. Te dejo mi radio sin pilas que nunca supe usar. Te dejo algunos de mis zapatos y todas mis bufandas, que aun huelen a mí.
Espero que sepas que me voy con lo peor de lo que soy. Me voy con toda esa ropa incómoda que no combina demasiado. Me voy con el piano que nunca aprendí a tocar. Me voy con las viejas púas a las que se les salen los dibujos. Me voy con mi melancolía de los sábados a la noche, y mi computadora que sabes que me aparta del mundo. Me voy con mis viejos suéteres, y los pantalones de jean que usaba solo para ver a tus amigos. Me voy con los esmaltes que tan poco uso porque nunca me supe pintar las uñas. Me voy con tu indiferencia que duele y lastima. Me voy sin ti.

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