jueves, 9 de enero de 2014

Hagamos las cosas bien.

Cállate. Tus palabras me duelen y no vale la pena sufrir en este momento. Ya no digas nada. Dejemos que esto se desvanezca frente a nuestros ojos. No luchemos ya por cambiar nada. Tú sabes mi verdad y yo sé la tuya. Apaga esa música romántica, y prende el televisor. Ya no queda nada que rescatar.
Nos sumergimos en nuestros gritos y ahora nos ahogamos en nuestro propio drama. Olvidamos tomarnos de las manos y recordarnos cuánto nos amábamos. Ahora los "te quiero" son de mentira, y no sabemos pronunciar "para siempre".
Teníamos un plan para dos que olvidamos compartir. En algún momento soñamos las mismas cosas, pero no nos despertamos a tiempo para hacerlas realidad. Hoy, que ambos abrimos los ojos, ya es demasiado tarde para todo. Sólo esperamos volver a dormir y rezamos por encontrar en nuestros sueños una razón para no seguir juntos. Déjame hacerte las cosas más sencillas. Si nos unimos por amor, entonces ya no hay nada que nos mantenga juntos.
Quizás no fue el destino quien nos unió, como solíamos pensar, sino nuestra desesperación y ganas de estar con alguien más. Fuimos demasiado rápido y nos tocó frenar de golpe.
Cierra esa puerta y no mires hacia atrás. Volvamos a empezar. Esta vez con otras personas. Sin nosotros.

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