martes, 17 de diciembre de 2013

Ojalá se desintegre este amor.

No puedo ya mirarte con los mismos ojos ni amarte con el mismo amor. ¿Qué nos pasó? ¿Dónde se fue todo lo que alguna vez nos prometimos?
Te hablo, no me escuchas. Me respondes, yo te ignoro. La casa está más fría. Cada grito se lleva un pedazo de mi dolor, cada lágrima lo devuelve.
Y cuando me prometes un futuro mejor, cuando me miras a los ojos y prometes amarme, cuando sonríes al hablar, cuando cuentas historias al azar, ya no te creo. No creo lo que dices. Es que te conocí demasiado y entendí que no eres quien me mostraste en un principio.
Todo se fue y ahora solo nos queda esto. La mentira, el dolor, la resistencia. Resistimos por miedo a la soledad ¡Tontos los dos! 
Tontos por pensar más en la mirada de los demás que en nuestros sentimientos. Tontos por no admitir todo lo que nos está pasando.
Hoy, junto mis cosas y me voy. Porque no resisto más. Porque me cansé de mentirte y que me mientas, de gritarte y que me grites, de hablarte y hallar tu ausencia.
Y, si el destino quiere, algún día nos volveremos a encontrar, te preguntaré cómo estás y me dirás que formaste una familia. Pero nunca amarás a nadie como me amaste a mí. Yo, por mi parte, te diré que nunca te pude olvidar. Porque es verdad. Nunca te podré olvidar.

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