domingo, 3 de noviembre de 2013

Me olvidé de mí.

A principio de año dije que este año no iba a contarle nada a nadie. O mejor dicho, que contaría lo mínimos indispensable sobre mi vida. Creí que era la mejor forma de no molestar. Ya que descubrí que a nadie le importa lo que tengo para decir, mejor no decirlo.
Sin embargo, estamos en Noviembre y me guardé demasiadas cosas desde Enero. Vengo forzando sonrisas desde el principio. Vengo haciendo sonreír al resto desde que tengo memoria. ¿Y yo?
¿Qué pasa con mis emociones, mis sentimientos, mis alegrías y mis tristezas? ¿A quién le importo? No es tanto el hecho de saber que no le importo a nadie más, si no saber que no me importo a mí misma. Ya no me miro al espejo, porque sé que no hay nada bueno para ver. Ya no me pongo a pensar en lo que siento porque sé que no voy a descubrir nada emocionante. Ya no pienso en lo que me pasó durante el día porque sé que es un motivo para llorar.
Cuando hablo con la gente, lo hago ver como que "no me importan las cosas" o "no me preocupo", o incluso "el pasado es pasado". Pero no es así. Es simplemente que no me importo yo, me dejé de interesar.
Claro que está bien interesarse por el prójimo y tratar de ayudar. Pero supongo que no debemos olvidarnos de nosotros mismos, porque es ahí cuando dejamos de ser.
Dejé de ser quien soy. Es eso. Me inventé un personaje y me lo creí. No hay vuelta atrás. Vivo en mi propia mentira.

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